- Por Felix Suazo
Nadie escoge el lugar donde nació, pero ese accidente marca sus recuerdos dondequiera que haya elegido vivir. Miami está poblada por personas de todas partes, ya sean de los Estados Unidos o del extranjero. Pero en algún momento, reaparecen las trazas del origen. Dos proyectos artísticos presentados en espacios de exhibición de la ciudad dan cuenta de la fuerte pulsión de los recuerdos y de cómo estos definen el itinerario de sus autoras.
En la exposición individual “Everything I forgot?” Lisu Vega (b. Miami, 1980) explora sus recuerdos de infancia y familia, combinando sus orígenes artísticos en el grabado experimental, técnicas textiles y el sublimado de la imagen. El proyecto, presentado en el espacio Edges Zone en septiembre de 2024, incluyó instalaciones textiles con intervenciones fotográficas que reconstruyen situaciones asociadas a la biografía temprana de la artista. Para ella, el recuerdo es una entidad volátil que tiende a desvanecerse. Las caras y los contornos de los lugares se difuminan, tal cual las imágenes sublimadas en las fibras textiles que componen las obras de Vega. El recorrido está acompañado de frases cortas y un texto del semiólogo Víctor Fuenmayor, profundo conocedor del trabajo de la artista desde sus inicios en Maracaibo, Venezuela, donde pasó su infancia y se formó. La memoria recobrada adquiere la apariencia de cuerpos y superficies amorfas que se expanden como una tela de araña o, quizá, como las raíces soterradas de las plantas que dan sombra.
“A Geological Survey”, exposición fotográfica de Rose Marie Cromwell (b. 1983, Sacramento; based in Miami) en ICA Miami, Design District, entre abril y noviembre de 2024, plantea una reflexión personal sobre la identidad, la madurez y las relaciones familiares. El proyecto surge a partir de un viaje de la artista por el Oeste americano, junto a su madre y su pequeña hija. Las imágenes expuestas confrontan la compleja historia de la región y la vasta historia del paisaje artístico.
Una fotografía de un retrovisor automovilístico parece recobrar el tiempo común de los orígenes en la vida de la artista y sus dos acompañantes; tres generaciones unidas a la tierra seminal que comparten los rituales del sueño, el baño y la comida entre las rocas y la vegetación. La disposición de los trabajos en el espacio refuerza la idea del viaje y los momentos vividos. Copiadas en diversos formatos y dispuestas de manera irregular, la artista nos deja ante un paisaje de intermitencias que reúne el pasado y las expectativas del porvenir en un presente efímero.
De la misma forma que nadie decide dónde nace, nadie puede vivir sin recuerdos. La memoria es la que constituye y da sentido a la experiencia humana, aun en una ciudad que mira al futuro como si el pasado no hubiera existido. Pero lo cierto es que bajo la arena y el fango de la promisoria Miami hay muchas memorias revueltas, incluidas las de nativos y foráneos que aquí pernoctan.